Y así, sin poder dormir, recuerdo la noche en que me fui al mar a buscar inspiración...
Olores, sonidos, la luna llena reflejada en el mar acompañándome a cada paso que daba, las ondas en la arena, la noche, las olas que van y vienen que suenan como rugidos de leones enfurecidos, me mojan los pies mientras se oye el crujir de las pechinas al romperse...
Todo era parte de mi búsqueda, cada paso era un recuerdo, una idea, una historia, que acabaría convirtiéndose en palabras que ahora vosotros leéis. Conforme me acercaba al final de la playa, iban apareciendo las luces de los faros, los mástiles de los barcos y sus "tilín, tilín", las grúas del puerto... miraba al mar y en el agua oscura sólo se veía la espuma blanca que bordeaba las olas hasta que llegaban a la orilla, miraba a la costa y se veían las luces del horizonte, hay tanta vida nocturna... (algún día os hablaré de la necesidad de dormir, puesto que es cuando más soñamos, pero lo interesante que sería no hacerlo... dormir, claro. Soñar es imprescindible)
De vez en cuando, un sonido. La bocina de un barco.
De vez en cuando, un camino. Las pisadas que dejaban los deportistas nocturnos.
De vez en cuando una idea, una historia, un recuerdo. Mensajes en botella (o sin ella), historias inventadas que fluían de mi mente.
De vez en cuando, una ciudad. Maravillas de arena como el castillo de (o para) Lucía.
Mi cabeza era un no parar, en todo había una pizca de inspiración, una gota de imaginación, de ilusión... a veces también de resignación.
Los pescadores, las pisadas de todos los que habían pasado durante el día por la playa, hasta la basura que la gente tira en la arena. Todo es fuente de inspiración. La oscuridad de la noche, el sonido de mi respiración...
Mientras se me congelaban los deditos de las manos, dibujaba garabatos en la arena, sujetaba mi caracola, observaba mi tatuaje mojado en el que "se juntaron dos mares" (y se hizo fuerte la corriente), y sí, también pensaba en ti. Siempre lo hago. De vez en cuando, miraba a las nubes y veía gaviotas, gaviotas nocturnas que habían descubierto el secreto que guarda la noche.
Volví por el paseo, demasiada arena ya. Mucha gente, cada uno una historia y yo las iba completando en mi cabeza. Restaurantes y más restaurantes, La Alegría de La_Huerta (jeje) y por fin, el coche, mi casa, mi cama, el calor.
Encuentro la inspiración, si, pero siento que mi musa pierde fuerza, me dejo llevar y este ir y venir, me lleva a miles de caminos, caminos que sé que yo mismo embarullaré, para cruzarlos con el tuyo. Es inevitable. Me voy a la cama, ¿algo en claro?, pienso... No, demasiadas cosas en la cabeza, muchas cosas por hacer, un montón de obligaciones...
No tengo tiempo. Ni ganas. Lo siento, tengo mucho que hacer.
"A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza"
P.D: Mucho. Porque yo estaba allí. A mandarina.

