martes, 22 de enero de 2013

Terreno de nadie

Estar en terreno de nadie
   es... como estar plano.
                      es... como estar vacío.
                                      es... como estar, pero sin estar. ¿Lo entendéis?

No sabría explicar muy bien cómo estoy últimamente, "raruni" dicen algunos, soso, diferente, despistado. Yo creo que es una mezcla de todo eso, pero además, es un "estar" muy "rutinoso", es como perder el tiempo en vivir, es como vivir sin hacer nada, es como si mis expectativas, mis sueños, mi todo, haya hecho una pausa. Pero la vida sigue y yo con ella.
Veo como pasa a mi alrededor, veo a la gente hablando, haciendo planes, sonriendo... ¿Habrán pasado por donde estoy yo?, ¿estarán fingiendo como hago yo?, ¿estarán en modo StandBy como yo?. No sé, realmente no lo sé y tampoco me va la vida en ello. Últimamente no me va la vida en nada.

Estar en terreno de nadie
   es... como quererlo todo y no querer nada.
                      es... pensar muchas cosas pero tener la mente en blanco.
                                            es... estar esperando un momento que nunca llega.

Hay que cambiar, todo el mundo lo sabe, además, hay que cambiar muchas cosas, demasiadas. Igual también eso sea "terreno de nadie", esa sensación de impotencia, de querer hacer mucho y ni siquiera empezar. Igual es preocuparse por todos y olvidarse de uno mismo o querer ayudar y no saber cómo. Igual...
No sé si alguien tiene el remedio para estas situaciones, ni si aquí, en terreno de nadie, existe alguna señal indicativa que me diga hacia dónde está la salida, es más, ni sé cómo llegué a entrar aquí.

Estar en terreno de nadie. No sé muy bien lo que es, pero sé que no quiero seguir aquí.



Busca en los gestos más pequeños, pues ahí encontrarás los mayores esfuerzos.

lunes, 14 de enero de 2013

Cierra los ojos. Imagina.

La arena bajo tus pies, metiéndose entre tus dedos. Te da igual.
Caminas hasta la orilla, justo antes de que la arena se vuelva dura por las olas. Te paras.
Tus sentidos al 200%, oyes las olas, oyes el viento, la arena que choca contra tu ropa. Te da igual.
Ves el mar, azul. Ves el cielo, azul. Entonces, se dibuja una sonrisa. Estás bien.
Cierras los ojos unos segundos, escuchas. Te tambaleas un poco al perder la referencia visual, pero sigues sonriendo.
Inspiras, intentas llevarte toda la esencia de ese momento, la llevas dentro, muy dentro, para que no pueda salir.
Vuelves a abrir los ojos (*).
Todo sigue ahí, donde lo dejaste.
Entonces vuelves a sonreír y te sientas.
Notas cómo el sol te calienta, su luz no te deja abrir del todo los ojos.
Hundes los pies en la arena, hasta que casi no se ven y piensas... ojalá pudiera fundirme con la arena y estar siempre en contacto con el mar.
Ojalá pudiera hacer eterno este momento.
Ojalá...



Me he dado cuenta que, cuanto más me acerco al mar, más sereno me encuentro/siento. Y es entonces cuando parecen esclarecerse todas mis dudas. Me encanta el mar, mirarlo, sentirlo, navegarlo, olerlo...
Creo que es algo que no puedo explicar, pero que me gusta compartir, acercar a mis seres más queridos al mar, es como sentirme cada día un poco más completo, como si nada más me hiciera falta.


(*) es ahora cuando cuento el final alternativo, completamente ficticio y cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia (o casualidad)...
Algo que ha rozado tu mano ha hecho erizar todos y cada uno de los pelos de tu cuerpo. Te giras.
Cegado por la luz que refleja su pelo del mismo color que la arena, la ves. La sonrisa más bonita que jamás hayas podido imaginar...
Y está ahí, a tu lado, cogiéndote la mano. Ahora sí que eres feliz.
Sonríes, sonríes mucho y vuelves a mirar hacia delante, cierras los ojos y te centras en escuchar el mar, esta vez, cogido de su mano.
Aprietas un poco más conforme va creciendo tu sonrisa.
Con los ojos cerrados eres capaz de distinguir su olor de entre todos los que te rodean.
Eres capaz de sentirla tan dentro que no te hace falta hablar, porque puedes leerla.
De nuevo, vuelves a abrir los ojos.



Tú siempre dices que es importante no descubrir del todo el pastel. Pero yo he aprendido de Gattaca que  es más importante es no guardarte nada para la vuelta, pues es posible que no puedas darlo nunca más. "No te doy nada, pero te daré todo".